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martes, 15 de marzo de 2016

Recicaje

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Angel Encantador
Sabias que___?
Mar 14, 17:42
La bacteria que se come el plástico... El hallazgo abre nuevas posibilidades para el reciclaje de este material, resistente a la biodegradación. Un equipo científico de la Universidad de Kioto (Japón) descubrió un tipo de bacteria que utiliza sólo dos encimas para descomponer el plástico y que literalmente se lo come, según un estudio publicado por la revista científica Science.

Tras cinco años de investigación con microbios y plásticos, los investigadores identificaron una bacteria que bautizaron Ideonella sakaiensis, capaz de descomponer el polietileno tereftalato, más conocido por PET, un plástico muy común y duradero utilizado para hacer una amplia gama de productos, de botellas a ropa.

Según el artículo científico, tan sólo en 2013 se produjeron 56 millones de toneladas de PET en todo el mundo, con el problema que ello supone para el medioambiente debido a la alta resistencia a la biodegradación de este tipo de plástico.

Hasta ahora, se habían identificado unas pocas especies de hongos capaces de descomponer el plástico, pero no una bacteria, que en este caso tiene la característica de alimentarse del carbono del que está compuesto el polímero del PET.

La Ideonella sakaiensis, según la investigación, casi puede degradar completamente una película delgada de PET después de seis semanas a una temperatura de 30 grados centígrados.

Investigaciones adicionales sobre la bacteria determinaron la existencia de una encima, la ISF6_4831, que en contacto con el agua genera una reacción química que descompone el PET en una sustancia intermedia, que a su vez se subdivide en otra enzima, la ISF6_0224.

Los investigadores de la Universidad de Kioto identificaron también, en el ADN de la bacteria, el gen responsable de las encimas que descomponen el plástico, y fueron capaces de generar nuevas encimas y demostrar que el PET se puede degradar con ellas.

Según los expertos, este descubrimiento abre la puerta a una nueva visión sobre el reciclaje y la descontaminación, ya que hasta ahora las botellas plásticas no son verdaderamente recicladas, sino que son fundidas y transformadas en otros productos plásticos más duros.

Fuente: EFE.
PlayGround

lunes, 14 de marzo de 2016

DE CORAZAS Y ESCUDOS

De corazas y escudos.

Obviamente la vida no es sencilla. Nos enfrentamos en ocasiones a batallas que superan nuestros recursos y de forma inconsciente nos hacen colocarnos un escudo que nos facilite el aguantar las embestidas para que el daño sufrido sea menor. Eso es algo natural y sano que usamos como mecanismo de defensa.
El problema surge cuando al terminar la guerra se nos olvida liberarnos de esa coraza. La seguimos llevando sin darnos cuenta del enorme peso que tiene, de la cantidad de movimientos que nos impide realizar y de que bajo esa protección puede haber heridas y hematomas que no hemos sanado.
Si miramos atrás no recordamos en qué momento nos pusimos la armadura pero siempre es por la misma razón: El miedo al dolor, que nos hagan daño, a sentir, miedo a la vida.
Nos vamos acomodando a ella hasta que un día nos damos cuenta de que nos hemos convertido en la propia coraza. Algo ocurre, algo echas de menos, ya no sufres pero tampoco vives o sientes con pasión. Nos mantenemos siempre alerta y a la defensiva. Creemos estar protegidos cuando en realidad estamos librando guerras que ya ni siquiera existen. Y sobre todo nos perdemos muchas cosas mientras seguimos escondidos en esa trinchera que hemos construido. En el fondo, esa actitud esconde a una persona insegura. Ocultamos sentimientos para no parecer vulnerables.
Estar a la defensiva significa que reaccionamos en el presente con la carga que traemos del pasado y anticipando una amenaza futura
Me gusta mucho el ejemplo de las “Botas Estrechas”. Todos sabemos que caminar con ellas nos protege (supuestamente) del dolor de andar descalzos, pero también al cabo de un tiempo nos oprimen, nos producen callos, dolor, ampollas… Es el precio que elegimos pagar por nuestro miedo a caminar con los pies desnudos… o al menos con sandalias. Mientras podemos soportar dichas molestias, todo va bien. Pero cuando ya no aguantamos más surge entonces la cuestión: ¿Nos quitamos o no nos quitamos las botas? El problema es que están demasiado pegadas a nuestra piel, de modo que cualquier forcejeo nos dolerá necesariamente… ¿Qué hacer? ¿Nos atreveremos a ello? ¿Podremos hacerlo solos, o necesitaremos la ayuda de alguien que nos ayude a tirar, o a hacerlo del modo menos doloroso posible? ¿Preferiremos, quizá, renunciar a todo y seguir torturando nuestros pies…?
El primer paso es detectar esa coraza, saber dónde está y cómo actúa y después, debemos preguntarnos si esa armadura nos resulta útil o más bien dificulta las cosas.
Vivir sin coraza implica aceptar y sentir la propia vulnerabilidad. Esta es la auténtica fortaleza.

“Cuanto mas gruesa es la armadura mas frágil es el ser que la habita”